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Sala de lectura de la Sociedad de la Ciencia Cristiana, Barcelona.
Os invitamos a escuchar lecturas de los escritos de Mary Baker Eddy, artículos y audios de El Heraldo y a compartir esta invitación con todos aquellos que puedan apreciarla.
Receso de Sala de lectura del 22 de diciembre al 12 de Enero
Todos los Lunes a las 19.30 h (España)
Argentina a las 14.30h
Chile a las 13.30h
Mexico a las 11.30 h
Uruguay a las 14.30h
Miami a las 13.30h
Perú a las 12.30h
Colombia a las 12.30h
Cuba a las 13.30h
Houston a las 12.30h
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Los esperamos!!🌈🙏🏻
En nuestro espacio online podrás encontrar un refrigerio espiritual al escuchar las lecturas inspiradas de los escritos de Mary Baker Eddy, Fundadora y Descubridora de la Ciencia Cristiana.
Sala de Lectura
Lunes 6 de Abril
De La Unidad del Bien
“Siembra y Cosecha” Págs. 8 a 12
“La paz como un río”
Robin Hoagland
Del número de julio de 2016 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
“¿Cuál es mi historia?
Lois Degler
Del número de agosto de 2021 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
De La Biblia: Hechos 1 hasta 2:28
Nuestra participación en la paz mundial
[Original en alemán]
KURT WERNER
Del número de agosto de 1976 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
Es posible que muchos digan que siempre ha habido guerras y que, por lo tanto, las guerras son inevitables. Pero en lo más profundo del corazón de los hombres persiste la esperanza de que haya paz mundial. Este justo deseo es para que toda la humanidad tenga una vida significativa, libre y feliz — una vida gobernada por la ley de Dios, como la describe Isaías: “El efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo”.1
¿Dónde puede encontrarse una paz semejante? Debemos empezar con nosotros mismos. Para nosotros la verdadera paz empieza en nuestro propio pensamiento y se evidencia por la paz que nosotros mismos expresamos. La comprensión espiritual acerca de Dios y del hombre irradia paz. Obtenemos esta consciencia que conduce a la paz y a la armonía por nuestro estudio y aplicación de la Ciencia Cristiana. Como escribe la Sra. Eddy en Ciencia y Salud: “La Ciencia Cristiana revela la Verdad y su supremacía, la armonía universal, la plenitud de Dios, el bien, y la nada del mal”.2
La discordancia surge cuando uno ofende o acusa a otro y ninguno quiere perdonar o hacer concesiones. Consentir en tendencias tan adversas como la disensión, el odio, la envidia, la rivalidad hostil y la venganza hace que la paz peligre. Uno debe separarse de estas tendencias y reconocer como supremas las fuerzas espirituales de Dios, el Principio divino.
Muchos que desean una paz permanente se preguntan: “¿Qué puedo hacer para ayudar a que el mundo se libere de las condiciones desarmoniosas que ocasionan la guerra, la confusión y el sufrimiento?”
Las guerras y todas las discordancias cesarán cuando los hombres reconozcan que, en realidad, ellos son los hijos de Dios y puedan percibir y seguir la guía de Dios. Espiritualmente hablando, sólo podemos conocer al hombre verdadero, que emana de Dios como idea de la Mente, y que como la manifestación del Amor infinito es tierno, bondadoso e inteligente. “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”.3
Hombres de buena voluntad en todas partes del mundo están trabajando por la paz mundial. El amor hacia Dios está inspirando a muchos a purificar sus corazones de la enemistad, a dejar de lado la obstinación, la envidia y el odio, y a llenarlos con la ternura sanadora del amor de Dios. En la proporción en que expresemos armonía, amor fraternal y paz en nuestras relaciones, veremos a los demás sintiendo y expresando estas características espirituales.
Por medio de la revelación del Cristo, como fue demostrado en la vida de Cristo Jesús, el Apóstol Pablo comprendió que todos los hombres tienen el mismo Padre celestial y que pertenecen a la misma familia celestial. Escribió a los colosenses cristianos: “No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos... Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones”.4
El hombre real, que refleja la inteligencia de la única Mente verdadera, no puede ser influido y gobernado falsamente. No puede ser la víctima de la hipnosis mundial de luchas y confusión. Cuando vemos el gran número de conflictos que hay en el mundo, las aparentes maquinaciones del mal que parecen luchar contra el bien, podemos preguntarnos: ¿Consideramos que los acontecimientos humanos desarmoniosos son naturales e inevitables?
Quien no pueda distinguir entre el bien y el mal necesita adquirir aquella convicción espiritual que conoce el verdadero bien y que no se engaña con la falsedad de los sentidos materiales. La manera de proporcionar paz espiritual a la humanidad es alejándose de toda influencia del mal y cediendo gustosamente al gobierno de Dios, el bien omnímodo, reconociendo que Él tiene dominio total sobre Su creación. No hay nada en el mundo que pueda influir, perturbar o detener el pensamiento y comportamiento correctos.
Los estudiantes de Ciencia Cristiana ven que pueden demostrar más armonía, bienestar y paz cuando de continuo reflejan la paz verdadera en su vida. La Sra. Eddy aconseja: “Vigilad diligentemente; jamás abandonéis el puesto de vigilancia espiritual y la autocrítica. Esforzaos por la abnegación, justicia, humildad, misericordia, pureza y amor. Dejad que vuestra luz refleje Luz”.5
La Ciencia Cristiana revela la verdadera paz que Cristo Jesús prometió al asegurar con amor: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.6 Esta paz es de Dios. Se refleja en el pensamiento reposado, recto, compasivo y justo.
La paz genuina que Jesús conoció cumple con la tarea divina de amar desinteresadamente y de servir a Dios con propósito puro. El orgullo, el temor, los celos y la injusticia no tienen lugar en el mundo de Dios ni pueden influir sobre Dios, la Mente divina, en quien no existen ni la materia ni el error mortal. La Sra. Eddy sostiene: “El dominio de la Mente sobre el universo, incluso el hombre, ya no es una cuestión discutible, sino que es Ciencia demostrable”.7
La paz en la tierra es una posibilidad presente que debe elegirse y aceptarse con agrado. Significa la presencia del Cristo entre los hombres — la evidencia de que Dios, el Amor divino, la única Mente, es el verdadero poder motivador de todo el bien que los hombres son capaces de realizar.
Cuando se entienda claramente el significado de lo que es la paz verdadera, la luz del Cristo, la Verdad, iluminará la consciencia humana y todos escucharán y entenderán el mensaje inmortal proclamado cuando el Salvador nació: “¡Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” 8
1 Isa. 32:17, 18;↑
2 Ciencia y Salud, pág. 293;↑
3 Mateo 5:9;↑
4 Col. 3:9–11, 15;↑
5 Miscellaneous Writings, pág. 154;↑
6 Juan 14:27;↑
7 Ciencia y Salud, pág. 171;↑
8 Lucas 2:14.↑
Gratitud y curación
[Original en español]
GANDHI MONDINO
Del número de diciembre de 1978 de El Heraldo de la Ciencia Cristiana
Generalmente se considera que la gratitud se expresa con un “gracias” por parte de aquellos que han recibido algo de otros. La gratitud establece una corriente de mutuo aprecio entre quien da y quien recibe.
La Ciencia Cristiana nos trae un enfoque diferente — una visión más profunda — que la del mero agradecerá favores recibidos. La Sra. Eddy dice: "La gratitud es mucho más que una mera expresión verbal de reconocimiento. Las acciones expresan más gratitud que las palabras".1
Dios es Mente todo activa, que se está manifestando incesantemente en ideas espirituales. En el universo de Dios todo es acción; la Mente está consciente de su propia creación, el hombre y el universo, los cuales reflejan la acción de la Mente. Esta acción constante de la Mente divina no es como la acción humana, que se manifiesta en un momento y luego cesa, porque Dios es la Mente inagotable que jamás se interrumpe, cesa, o decae.
Puesto que Dios es acción constante — la Mente reflejada en Sus manifestaciones — la gratitud, vista espiritualmente, es el reconocimiento constante de que Dios se está expresando siempre mediante Sus ideas. Esto es lo que Cristo Jesús percibió y aplicó. La Biblia muestra que la manera de Cristo Jesús de dar gracias era diferente; no necesitaba una acción humana previa.
En una oportunidad, al tener que alimentar a una multitud con solamente cinco panes y dos peces (ver Juan 6:5–13), Jesús previamente dio gracias, pero no por lo que ya había recibido. Evidentemente los panes y los peces que tenían en sus manos apenas habrían alcanzado para unos pocos. Su gratitud fue el reconocimiento previo de la acción incesante de la Vida divina, manifestada en provisión abundante. Jesús no necesitó ver la abundancia antes de expresar su agradecimiento.
En la tumba de Lázaro, Jesús también dio gracias: "Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes".2 La gratitud no estaba en esta oportunidad motivada por las circunstancias porque Lázaro aparentemente estaba muerto y sepultado. Jesús dio gracias antes de que hubiera ninguna reacción humana. Sus palabras “siempre me oyes” fueron su reconocimiento de la acción incesante de la Mente divina. Este reconocimiento sirvió para quitar la piedra — el testimonio mortal — de la conciencia de todos los presentes y así pudo ver demostrada la acción inagotable de Dios. Lázaro resucitó.
Con su percepción espiritual Jesús debe de haber comprendido que la gratitud es el reconocimiento de la acción espiritual. Él sabía que la gratitud nada tiene que ver con los conceptos de tiempo y espacio.
La Sra. Eddy también percibió el poder de la gratitud. Un estudio profundo del significado espiritual de la gratitud que se describe en el primer capítulo de Ciencia y Salud nos capacita para orar científicamente. Esta oración no es una mera petición para que nuestra experiencia humana cambie y así poder luego expresar nuestra gratitud. Es saber que la obra de Dios ya está hecha y que es armoniosa y perfecta. No necesitamos pedir a la armonía que sea armoniosa y luego dar gracias. Sería absurdo pedirle a la perfección que sea perfecta y luego dar gracias. Podemos expresar nuestra gratitud ahora por saber que en este momento el reino de Dios es perfección armoniosa y armonía perfecta. Reconcocer esta acción incesante es verdadera gratitud.
Esta gratitud trae curación, porque elimina el concepto limitativo de que algo sucedió en cierto momento que necesita ser curado y que en algún período de tiempo va a cesar. Lo único que sucede realmente es Dios manifestándose en Su universo.
La gratitud abre las puertas de la conciencia humana a las riquezas constantes de Dios. Por medio de la gratitud —el reconocimiento del reino de Dios dentro de nosotros— podemos resucitar a los Lázaros en la conciencia humana. Dios está constantemente consciente de Sus propias ideas y, por lo tanto, Sus ideas están siempre recibiendo Sus bendiciones. Por eso es que Cristo Jesús pudo decir: “Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis”.3 Y enseguida les enseñó a sus discípulos cómo orar. Nos dio el Padre Nuestro, la máxima expresión de gratitud. Una comprensión espiritual de esta oración puede solucionar cualquier problema.
La gratitud expresada en esta oración es un poderoso reconocimiento de que Dios es omnipotente, supremo, el único poder; es la acción del sentido espiritual percibiendo eternamente la verdadera naturaleza de Dios y del hombre; aporta el gozo de saber que todo es Amor — que todo es el bien, la armonía, sin ningún lapso de interrupción. La Sra. Eddy incluyó el Padre Nuestro en el capítulo “La Oración” en Ciencia y Salud, junto con la interpretación espiritual de esa oración.
Así vemos que la gratitud deja de ser meramente una expresión humana de agradecimiento; pasa a ser un profundo reconocimiento espiritual del poder absoluto y siempre presente de la acción infinita y sin límites de Dios. Y este reconocimiento trae curación.
Muchas veces el reconocimiento humano de lo que ya hemos recibido humanamente es un primer paso para abrir nuevos caminos en nuestro pensamiento y así entonces poder ver la gratitud como el reconocimiento de lo que ya somos y tenemos como hijos de Dios.
Cuando percibimos lo que es la gratitud verdadera, podemos aplicar el sentido espiritual del Padre Nuestro, que libera de toda esclavitud. Podemos demostrar la gratitud expresada en la última frase del Padre Nuestro y su interpretación espiritual dada por la Sra. Remolino. Podemos reconocer humildemente que no necesitamos pedir nada, porque ya Dios nos lo ha dado todo:
"Porque Tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, para siempre. Porque Dios es infinito, todo poder, toda Vida, Verdad, Amor, está por encima de todo, y lo es Todo" .4
1 Ciencia y Salud, pág. 3; ↑
2 Juan 11:41, 42; ↑
3 Mateo 6:8; ↑
4 Ciencia y Salud, pág. 17. ↑
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